domingo, 26 de junio de 2016

CHARLY MEL ó LA PRIMERA DEPOSICIÓN DEL BEBÉ



La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de soportar.”
 
Cuanto menos polémica, la sentencia de Nietzsche reconoce un vínculo estrecho entre el humor y el intelecto, quitándole a este último esa aura de solemnidad sacrosanta, que solían (y suelen) atribuirle muchos acartonados pensadores. Siguiendo esta línea, no nos extrañe, entonces, que un exponente de peso, como Luis Alberto Spinetta, le atribuyera a Diego Capussotto la categoría del pensador argentino con más lucidez de los últimos tiempos: “por hacernos pensar desde el humor”, decía El Flaco, poco antes de partir.
 
Obviando un poco sus inicios televisivos en Cha-Cha-Chá, y el éxito junto a Fabio Alberti que fue Todox2Pesos; a través de una galería prolífica y variopinta, la dupla Capussotto - Saborido, nos ofreció perlas de un entretenimiento irónico, mordaz, inteligente, bien contextualizado y jamás inocente. Dejando clara siempre su línea política, ideológica y, por supuesto, musical, nunca se atrincheraron en falsas neutralidades, y engendraron, de esta suerte, personajes icónicos que pronto se volvieron clásicos. Una parodia bastante under de Violeta Rivas, se transformó en referente de la filosofía punk de cara al nuevo siglo, enrostrándonos la esclavitud maquillada a que asistimos cotidianamente; y un híbrido entre Adolf Hitler y Ale Sergi, con mucho PRO -según el propio Capussotto-, desnuda lo peor de ese fascismo pequeñoburgués que con tanto candor reclama un “cambio”, sin poder explayarse mucho más allá del enunciado, y que ve como la solución de todos los males a la repatriación de inmigrantes limítrofes.
 
Pero de tanto entrañable, voy a destacar el que, a mi ver, es uno de los personajes menos populares. Jorge Mecoño es, también, un ser bastante aborrecible, como su propia filiación sugiere: mecoño es el nombre que recibe el primer cago que los seres humanos arrojamos al mundo. Algo así como el cago primigenio. En síntesis, un sorete.
 
Aunque muchos lo consideraron una parodia más de Mauricio Macri -recordemos que ya existía Micky Vainilla-, otros, por afinidad sonora, establecimos relación con otro mojón de gran envergadura, aunque menos famoso: el economista neoliberal Carlos Alberto Melconian. Charly Mel, para los amigos.
 
Publicista del imperialismo en su arista financiera, Melconian ha comenzado a ganar renombre hace bastante poco en el imaginario popular, lo que considero, a todas luces, una enorme injusticia. Más, si tenemos en cuenta que este laburante de la desdicha, lleva tomando decisiones políticas de importancia a partir del endeudamiento leonino que estatizó, junto a Domingo Felipe Cavallo, la deuda privada de los baluartes económicos de la última dictadura. Mediante esta movida -de vientre-, algunos pocos grupos económicos se cagaron en todos nosotros durante muchos años... y contando.
 
En 1986, ya en democracia, se opuso, mediante informe 480/161, a que se investigaran los orígenes de la deuda, afectados de fraudulencia e ilegalidad.
Siempre fiel a sus ideas, se desempeñó como consultor privado en el Banco Mundial, uno de los organismos crediticios internacionales, junto al FMI, más funestos para la historia de cualquier país periférico. Trabajó para Carlos Menem, pater de soretes, en la campaña de 2003 como candidato a Ministro de Economía; y desde 2005 forma parte de Propuesta Republicana, la alternativa kitsch al menemismo.
 
Durante la campaña previa a las últimas elecciones, Melconian fue uno de los pocos que no disfrazó sus intenciones. Se mantuvo coherente defendiendo a los tenedores de deuda, asegurando que eran “tipos con muy buena voluntad”. Cuando el discurso macrista mutó, luego de las internas, en demagogia in extremis, Charly Mel, no cambió el discurso. Alumno de la escuela de economistas que utilizan un lenguaje enrevesado, como alertaba Scalabrini Ortiz, para que nadie les preste atención, este sicario a las órdenes de Tío Sam, explicó que habría despidos, devaluación, ajuste, tarifazos y quita de subsidios a los servicios. Declaró, con paciencia docente, que los salarios argentinos estaban muy altos, que por este motivo nuestra economía era inviable, y que la única forma de negociar una baja real era generando desempleo. Textual. Nada puede reprochársele en este punto, él lo dijo.
Dijo, además, que lo importante era “negociar” con los fondos buitres –a quienes había pedido que no se les llamara así–, y acatar el fallo del juez Thomas P. Griesa.
 
En Octubre/15 viajó, por orden de Mauricio Macri, a Estados Unidos, para reunirse con Paul Singer, comandante en el ataque de los fondos buitre, para gestionar la tracción de dólares a la Argentina, en caso de que ganara Cambiemos, a cambio de que se le garantizara un acuerdo sobre sus bonos del default, que resultara suculento a sus clientes y a él mismo.
 
Por los servicios prestados, este paria político opera, hoy por hoy, como Presidente del Banco Nación. En Febrero se acordó pagarles a los buitres mediante una nueva emisión de bonos de deuda por aproximadamente 16.500 millones de dólares, mediando Abril. Se pagó hasta lo que no entraba en litigio. Quien estuvo a cargo de la negociación no fue otro que nuestro querido –a estas alturas no pueden decirme que no lo quieren– Charly Mel.
 
Tanta celeridad para entregar la soberanía económica a la rapacidad financiera estadounidense, si bien del todo coherente con la ideología neoliberal, se explicó por estos días cuando se filtró un documento que revelaba que Charly Mel fue uno de los titulares de bonos de deuda que inició las demandas contra su propio país en el año 2009, no aceptando ninguna de las llamadas previas a conciliar.
O sea, el flamante Presidente del Banco Nación ha estado operando, velada pero activamente, contra la Argentina, desde 1982, sin descanso. Hoy, como juez y parte, pero además, pugnando por incrementar las tasas de desempleo para generar competitividad.
 
Duele la falta de memoria y la insensibilidad de un pueblo que no espabila.
Es increíble cómo funciona, en algunos seres humanos, una especie de indignación selectiva: nos pronunciamos todos contra José López, delincuente indefendible, atrapado con las manos en la masa en una puesta en escena, a lo SWAT, de la maldita policía, y cuya causa ya está en manos de la justicia, como debe ser; pero no reaccionamos a los manejos espúreos de un delincuente indefendible como Charly Mel, que laburó arduamente para pagarse a sí mismo con las mejores tasas, y que está teniendo éxito, como uno de los ideólogos de la actual gestión, en engrosar las filas de desocupados. Como él había advertido que sucedería si ganaban.
 
El invierno comenzó antes este año, y se perfila heavy. Hay que asegurarse el sustento, con cada vez menos garantías laborales. En todo este maremágnum de caca, hay que apelar al ingenio para administrarse con lo poco, y afilar la ironía y la suspicacia: cualidades necesarias para desarrollar y refinar el sentido del humor, reírse en y de la desgracia, porque como decía Jauretche, “los pueblos deprimidos no vencen”.
 
Otra frase, de otro gran humorista con una, también, muy lúcida sensibilidad social, Mario Moreno, alias “Cantinflas”, reza que “el mundo debe reírse más, pero después de haber comido”. Hacer humor en la bonanza es necesario, en la desmoralización programada, obligatorio.
De momento, Charly Mel suscribe la muletilla de su doppelgänger, Jorge Mecoño: ellos sufren, yo no.
 
En El Eternauta, Héctor Oesterheld enfrenta a sus protagonistas con fuerzas que los rebasan en todos los planos posibles. El panorama general es desolador. Los enemigos, casi omnipotentes, gozan del beneficio de la invisibilidad: Ellos están detrás de todas las desgracias pero nunca muestran la cara. En la realidad –y, convengamos que Oesterheld hace una lectura muy cruda de la realidad en su ficción–, sucede un poco esto; los que mueven los hilos conductores de los destinos de los pueblos y de las naciones, rara vez suelen ser los políticos, que reciben más bien dádivas cuantiosas por obedecer, sino tipos que se quedan cómodos detrás de un escritorio, en una oficina calefaccionada. Ajenos al padecimiento de las mayorías. Por eso, la solución de los héroes, en la historia de Juan Salvo, es la de conformar al único héroe posible: el héroe colectivo; es decir, entre todos la lucha, entre todos la luz. O como decía el Sup Marcos: para todos la luz, para todos todo.
 
Por ahora, suyas son las dádivas, la luz, el gas y la tierra; nuestra: la bosta.
 
 
Juan Bautista Martínez (Columnista)
 
 
 
 
Fuentes:
 
- Friedrich Nietzsche - “La gaya ciencia”
 
 
 
 
 

sábado, 18 de junio de 2016

CRISTO VENCE




El mayor miedo de las clases dominantes ha sido siempre que el pueblo se politice, que adquiera consciencia de su protagonismo y valía en el entramado social y organizacional de un país o de una comunidad. De eso dan buena cuenta los innumerables intentos de acallar la voz de las masas, que podemos encontrar en nuestra historia reciente.
 
La siembra del terror, traducido en miedo al compromiso político y social, no ha sido nunca aleatoria o casual: las FFAA de nuestro país, rara vez han tenido la oportunidad de cumplir con la función que les da razón de ser, que no es otra que la de defender la Patria de amenazas externas. Como instrumentos de la derecha conservadora, su misión ha sido la de disuadir al pueblo de reclamar 
por sus derechos.
 
Desde su puesto en el Departamento de Trabajo, al que, irónicamente, accedió luego del golpe del G.O.U. en 1943, y, posteriormente, desde la Secretaria de Trabajo y Previsión Social, durante el gobierno de facto del General Pedro Pablo Ramírez, Juan Domingo Perón se ocupó de empoderar a las masas desclasadas, con medidas revolucionarias para la época, como el reconocimiento de los peones rurales como verdaderos trabajadores, los convenios colectivos de trabajo y las vacaciones pagas para todos los laburantes, entre otras. Medidas que echaron raíces profundas, y que hoy defiende hasta el anti-peronista más acérrimo.
 
Ya como Presidente, el decreto Nº 29.337 del año '49 garantizará la gratuidad universitaria para todos los latinoamericanos, vigente hasta nuestros días y refrendada hace bien poco. La reforma constitucional de ese mismo año, daba por tierra el Real Patronato, legalizaba el divorcio y atacaba al capitalismo en su espíritu: otorgarle carácter social a la tierra está necesariamente reñido con la sacralización que de la propiedad privada se hace.
 
Estas medidas re-valorizaban, en cierto punto, las ideas de Mariano Moreno, acerca de la toma de consciencia por parte de los pueblos. Ideas que habían sido echadas al olvido por el triunfo de la oligarquía agraria, inmediatamente después de la proclama de Independencia.
 
Es comprensible que semejante ruptura con la estructura social impuesta, tuviera como consecuencia un ataque furibundo por parte de los sectores más conservadores, como ser: las FFAA, el radicalismo heredero de Alvear, la cúpula eclesiástica, los especuladores extranjeros y los empresarios fáusticos; y que se empotrara una defensa igual o más airada.
 
Este rechazo a la ampliación de derechos -tan vigente-, halló cauce en el ataque terrorista más violento que sufrió nuestro país en toda su historia: el bombardeo a la Plaza de Mayo, del que se cumplieron 61 años el pasado Jueves 16 de Junio.
Bendecidos por la Iglesia Católica, afanosos de una cruzada y con los crucifijos pintados sobre la señal de Victoria, 22 North America, 5 Beerchraft, 4 Gloster y 3 Anfibios Catalina, pertenecientes a la Aviación Naval y a la Fuerza Aérea argentina (*), oscurecieron el cielo y el futuro de la Nación, bombardeando a mansalva a miles de inocentes, con el oscuro propósito manifiesto de matar a Perón, y con el aun más oscuro, por velado, de despolitizar a las masas, eliminando al peronismo, para re-hacerse con un poder que creían -y creen- merecer por derecho de nacimiento. Todo en el nombre de Dios, la Patria y la Bandera.
 
El virulento ataque se sostuvo durante 5 horas, y el saldo de la masacre fue de 
364 muertos y más de 2000 heridos, 79 de ellos con lesiones físicas permanentes. Todos civiles: adultos, jóvenes... y niños que no pudieron escapar de un autobús escolar.
 
Los atacantes, a las órdenes de Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, entre los cabecillas más destacados, se refugiaron en Uruguay, donde el gobierno de Luis Batlle Berres los asiló como si fueran héroes de la Patria, y no criminales que acabasen de regar las calles de Buenos Aires con la sangre de sus compatriotas, en nombre de una libertad que apestaba a foraneidad.
 
La Revolución Libertadora, que se inició con esta sangría, fue un esperpento político que se basó en la persecución y proscripción del peronismo, iniciando una sucesión de etapas cada vez más aciagas, culminando en el genocidio del '76 al '83.
 
Hace unos años leía, en una edición de la revista VIVA, una entrevista a algunos de los atacantes, donde, con total impunidad, narraban la planificación del horror sin mostrar un ápice de arrepentimiento. Uno de ellos era Osvaldo Cacciatore, que en ese tiempo era capitán brigadier de la Fuerza Aérea, y que hiciera fortuna durante la última dictadura cívico-militar, con el oprobio de la Patria contratista, en sus negociados con las empresas de la familia Macri, y la posterior estatización de sus deudas. La impunidad llega hasta nuestros días: no sólo pagamos las deudas fraudulentas de SOCMA, tomadas por un terrorista, bombardero de su propio pueblo como Cacciatore, sino también un sueldo como Presidente al hijo bobo de Franco y, con los años, le pagaremos una jubilación de lujo.
 
Osvaldo Vergara Betiche, en su blog Cultura y Nación, lamenta que nosotros no tuviésemos a un Pablo Picasso que inmortalizara la barbarie, como hiciera el maestro malagueño en su Guernica. Ambas escenas se parecen mucho. La diferencia, advierte, radica en que la ciudad vasca fue atacada y reducida a escombros por fuerzas alemanas dentro del contexto de un conflicto bélico; Capital Federal fue bombardeada en tiempos de paz, por las FFAA nacionales -hay que insistir en este punto- para matar a un Presidente elegido democráticamente, y asegurarse de que sus seguidores desistieran de continuar con esas ideas.
 
Hernán Patiño Mayer, integrante de Cristianos para el Tercer Milenio, sostiene en una nota para el diario Página12, de 2014, que el aspecto medular en todo esto, sigue siendo la impunidad: a día de hoy, a cualquiera que se le pregunte cuál fue el peor atentado terrorista que ha sufrido la Argentina, responderá con celeridad y sin titubear que se trató del atentado a la AMIA, desconociendo que el número de muertos del inicio de la Revolución Libertadora, casi llega a cuadruplicar la cifra. No se trata de restarle importancia o gravedad, sino de poner de relieve cómo, aunque la impunidad es análoga y atemporal, uno de ellos es silenciado, o señalado, de manera perversa, como un acto de justicia.
Nuestra historia, como afirma el siempre vigente Eduardo Galeano, es una historia de derrotas tras derrotas. En cuanto levantamos un poco la cabeza, viene un borceguí y nos la pisa. Pero los fachos también se aggiornan, ya no se presentan en aviones de guerra, para asesinarnos sin cuartel: hoy tienen programas de TV y radio, o hablan un lenguaje juvenilizado y bailan cumbia en algún balcón de la Casa Rosada, mientras con su desidia hipotecan nuestro presente y futuro. Pero es sólo la máscara: si uno se fija bien, ahí están la mirada calculadora y la sonrisa sardónica.
 
Vienen por lo mismo que antes: por nuestro empoderamiento, por nuestros derechos, por nuestra autodeterminación y por nuestra identidad. Tristemente creo que nos lo merecemos: no supimos defender las conquistas. Todos los días cae una bomba que destruye lo que empezábamos a construir con esfuerzo, por incipiente que fuera. Bombas ajenas y bombas propias. Algunas son de estruendo, otras de humo. Pero siempre dañan. La naturalización del desasosiego sólo puede combatirse con memoria...
 
Los que ganan escriben la Historia... y también la borran.
 
 
 
 
 
Juan Bautista Martínez (Columnista)
 
 
 
Fuentes:
 
 
 
- Hernán Patiño Mayer – “El peor atentado de la historia” – (Página 12 – 31/07/2014)
 
- Osvaldo Vergara Betiche – “A nosotros nos faltó Picasso” – (www.culturaynacion.blogspot.com)
 
- Marcelo Larraquy – “El bombardeo y la caída” – [(Capítulo 4 de "Marcados a fuego (2). De Perón a Montoneros", Aguilar, 2010]
 

sábado, 11 de junio de 2016

OPERACIÓN: ABORTO


Según Nietzsche, la tradición patriarcal del judeocristianismo, surgió en contraposición a las culturas matriarcales de pueblos contemporáneos al hebreo, como los canaanitas, donde la preeminencia estaba puesta en la mujer, en su calidad de alumbradora de vida. La subversión de valores que hizo el cristianismo -no digamos ya el catolicismo-, y que nos atraviesa a todos, creyentes o no, las pone en el lugar de factoría humana, so pena de condena eterna. La biología no nos permite a los hombres concebir, ergo, desconocemos -y siempre vamos a desconocer- de primera mano, las consecuencias del embarazo y del parto. Quizás a esto se deba cierta liviandad al momento de juzgar temáticas afines. Informarse es la premisa nodal.
Existen tópicas que requieren una dosis extra de rigor para ser abordadas. Sucede, por ejemplo, con las discusiones acerca de la eutanasia, la despenalización de la tenencia de estupefacientes para consumo personal pero, sobre todo, con la despenalización del aborto.
Mal planteado, decir que se está a favor del aborto es como decir que se está a favor de la esclavitud: suena ilógico, si el argumento es en el contexto de un mayor reconocimiento de derechos; por eso, lo correcto es posicionarse a favor del derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo. Concienciar acerca de que existen situaciones límite, donde la interrupción se torna necesaria para salvar la vida de la madre, por ejemplo. Muchas veces, se esgrimen posturas cerradas, ya sea por SÍ o por NO, que no dan lugar a lo que realmente importa, como es abrir la discusión e informarse acerca de una tópica tan sensible.
Uno de los principales argumentos en contra, salpica la cuestión civil de tintes religiosos: el comienzo de la vida, se da con la concepción. Esto está reconocido mundialmente en los postulados del Pacto de San José de Costa Rica. Pero primero lo reconoció la doctrina cristiana desde la época medieval, que, a esta parte, poco ha cambiado: muchas de las supuestas brujas quemadas en la hoguera, eran mujeres que tenían, entre otros, conocimientos sobre plantas con propiedades abortivas.
La tradición judeocristiana, ha subyugado a la mujer al hombre, atribuyendo a la femineidad el origen de los pecados: fue Eva la que se dejó seducir por la serpiente: parir a sus hijos con dolor, no es sólo consecuencia de su curiosidad, sino el papel que el Todopoderoso le asignó. Y punto. De esta suerte, defender el aborto se traduce en defensa del asesinato. Nada más lejos.
Los autoproclamados defensores de la vida, inmediatamente recogen las líneas cuando se les pregunta si la vida de la, llamémosle presunta, madre vale tanto como la del embrión que dicen defender. Las razones invocadas, apuntan a que se protege tanto a la madre como al feto. Haciendo, por un momento, la vista gorda ante la inhumanidad de las prácticas que avalan con su indiferencia y con su negativa tajante, nadie duda de sus buenas razones, pero lo cierto es que ese embrión es parte de la madre. No se niega que haya vida, pero ésta depende enteramente de la voluntad de la mujer y, fundamentalmente, de su cuerpo, para el desarrollo. [Como nota de color, muchas de estas personas suelen estar en primera fila en el reclamo a favor de la pena de muerte y engendros similares.]
Si bien es un tema que afecta directamente a las mujeres, se trata de una problemática transversal: René Favaloro, paradigmático en nuestra sociedad no sólo en su calidad de médico, como médico de calidad, sino como pensador contemporáneo y agente comprometido con su entorno, sostuvo en ocasión de una entrevista que le hiciera el diario “La Gaceta”, en el año 1997, la necesidad de que se diera dicha discusión en nuestra sociedad, porque, cito: “los ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza. Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en secreto. Se nos mueren nenas en las villas y en los sanatorios hacen fortunas sacándoles del vientre la vergüenza a las que tienen plata. Con el divorcio decían que era el fin de la familia y sólo fue el fin de la vergüenza para los separados ilegales. Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
Sin ambages, quien fuera reconocido globalmente como una lumbrera en cardiología, pone el acento en la hipocresía imperante, y nos escupe: el aborto existe, que no debatamos sobre él no lo hace menos real.
Pero también se desprende otra cuestión: quienes defienden el estado de clandestinidad, son quienes más lucran con él. Se pagan cifras exorbitantes por someterse a prácticas inseguras, insalubres y ajenas a cualquier atisbo de contención psicológica. El contexto proporciona todos los elementos para crear un clima de estar-haciendo-algo-mal, a una situación ya de por sí compleja, como es decidir dicha interrupción. El destrato, la falta de garantías, terminan, muchas veces, afectando negativamente la salud no sólo física, sino también mental de las pacientes, que se ven manipuladas como mercancía, en ambientes que pueden ir desde una clínica, en el mejor de los casos, hasta domicilios privados sin la asepsia necesaria para evitar posibles infecciones; y/o médicos fantasma que nunca muestran la cara.
Desde los movimientos feministas, se exige una mayor consciencia, y se reclama que la mujer deje de ser puesta en el lugar de mera incubadora, obligada por la sociedad y la tradición, a procrear. Obligar que una persona sea obligada a engendrar vida, ignorando los riesgos y consecuencias que conlleva el embarazo, es una postura que revela, cuanto menos, desconsideración. Cuando la condena social dictamina que la mujer tiene que hacerse cargo por su descuido al momento de tener sexo, tácitamente está determinando que el placer le está vedado, y que al infringir esa consigna debe pagar el precio. Quiera o no.
Pero además, hay otras implicancias: para despenalizar o directamente, legalizar el aborto, hace falta contar con la infraestructura adecuada en los hospitales públicos para asistir a las pacientes. Otro punto a considerar es garantizarles asistencia psicológica, para que puedan determinar por sí mismas si están en condiciones de interrumpir la gestación; sobre todo cuando se trate de menores de edad, y que no sean los padres quienes tomen esta decisión.
Aunque a día de hoy, como sociedad, hemos demostrado estar a la altura de discusiones profundas y democráticas, avanzamos poco y nada en materia legislativa en lo que a despenalizar el aborto se refiere: a lo sumo, contamos con una modesta jurisprudencia, del todo loable. Mientras tanto, el sistema se seguirá cobrando la vida de aquellas que no puedan pagarse un clínica privada, muchas veces con la premura de no querer traer un hijo a un mundo donde ser pobre es un estigma cada vez más violento; perpetuando la reproducción social de cara al futuro.
Debemos reconocer que no basta con educar en el correcto uso de anticonceptivos, si no somos capaces de ampliar el horizonte, para que entremos todos; y romper, de una puta vez, con la letanía religiosa que despoja del derecho de decidir sobre el propio cuerpo para salvar el alma.
Juan Bautista Martínez (Columnista)
Fuentes:
Colaboraciones especiales:
- Dana Godoy
- Eloísa Olmedo
- Milagros Martínez
- Anita Martínez
Ilustración:
- Rosenfeldtown - “Brujas” (para la revista THC)

domingo, 5 de junio de 2016

La desobediencia deVida, los cascarones conceptuales y el huevo del basilisco.

Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer”, esta frase pre-punk, atribuible a Sex Pistols o a Ricky Espinoza, pertenece en realidad al Mahatma Ghandi, y resume un axioma de conducta civil ante el atropello de las autoridades. Desobedecer, cuando es ética y moralmente reprobable el mandato o, directamente, criminal.
El sociólogo alemán Ulrich Beck, quien nos dejara el año anterior, habló del vaciamiento de contenido de ciertos conceptos, en la esfera de la política. Él sostenía que, luego de la implosión del régimen comunista, el panorama político global que se re-estructuraba, se encontraba repleto de cascarones verbales vacíos. Conceptos tales como democracia, izquierda, derecha, etc., continuaban llamándose así, pero interiormente significaban cosas distintas a las de antaño.
Viniéndonos un poco más acá, en el tiempo y en el espacio, podríamos poner el ejemplo de ciertos reclamos que los medios de comunicación fogoneaban tiempo atrás, como ser, el de inseguridad o dictadura. Meses antes de que los CEOs de grandes empresas, con el beneplácito popular, asumieran los puestos ejecutivos del Estado, noticias de robos, asesinatos, etc., llenaban las pantallas de los televisores argentinos, las radios y los diarios. Los reclamos de esta índole eran acuciantes. Pero, a partir del 10 de Diciembre, gracias a la magia de Cambiemos, esto parece un problema del pasado remoto.
La cuestión del término dictadura fue otra constante. El gobierno de Cristina Fernández fue acusado siempre de dictatorial: los periodistas de los medios de comunicación dominantes, desde los estudios de sus canales televisivos, desde las páginas de sus diarios, sus espacios radiales y sus portales de internet, todo en combo, se desgañitaban ante la falta de libertad de expresión que, según ellos, estaban sufriendo. Las marchas en contra de su gobierno, que fueron, en un par de oportunidades, muy numerosas, gozaron de total libertad y completa seguridad: nadie sufrió ninguna consecuencia por salir a la calle con pancartas pidiendo que se ahorque a la entonces Presidente en la Plaza de Mayo. Nadie, excepto un militante del PRO al que casi lincharon, porque lo confundieron con un integrante de La Cámpora.
He aquí otro milagro de Mauricio Macri: desde Diciembre pasado dejamos atrás estas prácticas autoritarias, en apuesta franca por el diálogo y el consenso. Aunque a los pocos días se reprimiera a los trabajadores de Cresta Roja; fallecieran 42 gendarmes en Salta, enviados por Pato Bullrich, sin propósito determinado; se buscara anular de plano la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y se intentara nombrar a los abogados de multinacionales como jueces de la Suprema Corte de Justicia, por decreto de necesidad y urgencia.
Luego de anunciar, en un discurso vacío más, y en otro gesto de infinita coherencia consigo mismo, el 1er Mandatario, ha tomado una decisión no sólo cuestionable, sino gravísima: por medio del decreto 721/16, que deroga uno anterior de Alfonsín, ha retrotraído el estado de las FFAA a un período previo a la vuelta de la democracia, y en flagrante oposición a la misma, apelando a una supuesta unión, que no es otra cosa que la justificación del olvido y la naturalización de la situación actual.
Con fecha 31 de Enero de 1984, el entonces Presidente Raúl Alfonsín, estableció por decreto Nº 436, la transición de la competencia funcional de las Fuerzas Armadas al ámbito del Ministerio de Defensa, y al Jefe de Estado como Comandante en Jefe de las mismas. Facultad que no volvería a ser puesta en práctica por presidente alguno hasta Néstor Kirchner y el famoso “bájeme esos cuadros”.
Teniendo en cuenta la fragmentaria experiencia democrática de nuestro país, y, puntualmente, la sangrienta dictadura de la que proveníamos en aquel entonces, la jugada de Alfonsín es destacable: asegurarse cierta autoridad sobre un sector acostumbrado a sacar y poner autoridades a dedo y a fusil, considerándose a sí mismos una especie de meta-gobierno, omnipotente y mejor calificado que la voluntad popular. El decreto del '84 suponía, además, que los ex-funcionarios de las fuerzas sospechados de participación en la dictadura, no fueran determinados en cargos docentes, evitando así la transmisión de valores anti-democráticos a las nuevas generaciones. No obstante, los milicos se las ingeniaron siempre para buscarle la vuelta. Como cita Página12, el caso “del contralmirante Roberto Pertusio con orden de prisión desde noviembre del 2006 por delitos de lesa humanitdad que en el 2008 revistaba como asesor del jefe de la Armada, Jorge Godoy”.
Los organismos de DDHH se han pronunciado, repudiando la decisión, y cualquier argentino con dos dedos de frente haría lo mismo. El decreto de Macri es análogo al mito del huevo del basilisco: era éste un ser fantástico, cruza de gallo y serpiente, según la versión más extendida, súmamente mortífero, capaz de liquidar a sus víctimas sólo con la mirada. Los basiliscos depositaban sus huevos en los gallineros y, cuando el nuevo monstruo nacía, devoraba a gallinas y polluelos. Si bien la movida del presidente apunta a concederle autonomía a las FFAA en materia de designación de funcionarios y docentes, con todo y sus consecuencias, es la señal más clara de hacia dónde apunta Cambiemos, e incuba el germen peligroso de una derecha malsana, oligarca y fascistoide, incapaz de gobernar sin las armas. El mensaje es claro: al que no le guste, palos y balas.
Las opciones no son muchas, o miramos para otro lado y seguimos bailando mientras el torbellino borra Macondo, o nos pronunciamos desde donde podamos, mientras podamos. Por eso, quiero cerrar con una frase de Desmond Tutu, clérigo y pacifista sudafricano, famoso por pronunciarse contra el apartheid: “Si eres neutral en situaciones de conflicto, has elegido el lado del opresor.”
P.D.: no nos olvidemos de Milagros Sala.
Juan Bautista Martínez (Columnista)
Fuentes:
 
- Ulrich Beck - “La reinvención de lo político: hacia una teoría de la modernización reflexiva - (El fachadismo en política)”

jueves, 26 de mayo de 2016

LA NACIÓN


Desmitificando un poco la cuestión semántica, el periodista Carlos del Frade estableció, en una nota de hace tres años, un paralelismo entre el escaso valor que tienen, para la sociedad en general, una moneda de 25 ctvos., con la quita de significado del 25 de Mayo como fecha patria: en ambos converge la figura del Cabildo. Lo que, metáfora para nada forzada, daría cuenta del escaso valor de la ilusión de independencia.
Desde la falacia de denominar como revolución a lo que fuera un cambio de patrones, a la invisibilización de gauchos, negros e indígenas de los anales de la historia, puesto que no sabían escribir para dejar su propio testimonio; la historia mitrista se encargó de maquillar los hechos y revestir de heroísmo a la oligarquía terrateniente, para brindar la ilusión de que dicha revolución, nos identificaba a todos por igual, y pudiera, asimismo, ser ilustrada en la tapa de los Billikens. ¿Existían los paraguas en 1810? ¿Sabía Domingo French rematar moribundos, como afirma JPFeinmann, además de repartir cintas albicelestes?
Lo que sí puede desglosarse, afirma el periodista, es que la población del Virreinato del Río de La Plata, era de casi 600 mil personas; entonces, si tenemos en cuenta que la Semana de Mayo cuenta las peripecias de 165 personas, correspondientes a las familias más acaudaladas, no puede deducirse un espíritu muy popular de su parte. Menos, si tenemos en cuenta que muchos de esos valientes estaban concertando acuerdos para comerciar con Inglaterra apenas pudieran deshacerse del yugo colonial español, que, de yapa, se encontraba por esos momentos en manos de Napoleón.
Pero, de la misma forma que sus descendientes, desde el diario La Nación, nos cuentan la realidad desde la subjetividad propia de la clase oligárquica más conservadora, aquella que se identifica con la Argentina del Granero del Mundo; Bartolomé Mitre nos convida a celebrar una victoria pírrica con mucho aire de derrota.
Desde el vamos, América Latina, y particularmente Argentina, se tuvo que enfrentar a la difícil situación de ser colonizados por la potencia europea más atrasada de todas. España, a diferencia de Inglaterra o Francia, reproducía en sus colonias el mismo sistema que fronteras adentro: el atraso se correspondía, en parte, con la autoridad que seguía teniendo la Iglesia Católica en una modernidad que se identificaba, justamente, por correr del lugar central a los ungidos representantes de Dios. Pero también con la suntuosidad estéril de una nobleza bruta, de propósitos efímeros, que malgastaba lo saqueado en lugar de invertirlo. Un poco de justicia poética ante tanto horror.
“Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no sabe qué es, qué puede y qué se le debe, nuevas ilusiones reemplazarán a las antiguas. Y después de vagar entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía”. Las palabras son de Mariano Moreno, quien, sobre los principios de Manuel Belgrano, trazó las ideas de una Patria que fuera justa, libre y soberana. Y, a pesar de su misteriosa muerte en altamar, sus ideas lo sobrevivieron en las gestas de San Martín, Güemes, Artigas y Bolívar. Es decir, pese a Mitre, sí hubo un proyecto de país para todos, por el mismo que dejaron la vida quienes no sabían leer y escribir, y por el mismo que fue ninguneado el caudillo charrúa y la Asamblea de los Pueblos Libres del año 1813.
Las clases dominantes, aquellos que se creen que habitan una Argentina de calidad, o, mejor dicho, los meritócratas de la Historia, nunca perdonaron el tener que compartir su sueño de libre comercio con Inglaterra, con las masas menos favorecidas, que también son país, y que también celebran la Independencia. Aunque ésta no exista realmente para ellos. Esas clases dominantes no perdonaron a Artigas, ni a Belgrano, ni a San Martín, ni a Moreno. Los dos primeros murieron pobres, inmersos en deudas y difamaciones, mientras que los otros dos fueron mandados al exilio.
Pero el sueño de la independencia sigue vigente. Mejor dicho, sigue pendiente. Y lo seguirá mientras la soberanía nacional siga claudicando en favor de la meta-soberanía que imponen los organismos crediticios internacionales. Mientras la deuda externa siga primando sobre la dueda interna. Mientras la derecha asesina se siga imponiendo a base de propaganda y golpe sobre la reminiscencia de la Asamblea de los Pueblos Libres. Mientras los desheredados de la tierra sigan eligiendo el al cooperativismo al zapping. O, simplemente, mientras no se sigan cambiando escarapelas por globos.
 
 
Juan Bautista Martínez (Columnista)
 
 
Referencias:
 
- “La sangre derramada - Ensayo sobre violencia política” - José Pablo Feinmann
 

domingo, 15 de mayo de 2016

Argentina: land of Sísifo


Sísifo tenía fama de impetuoso, obstinado, embustero, y se decía que asesinaba viajeros para hacerse con sus propiedades. Se cuenta que encadenó al mismo Tánatos, dios de la muerte, cuando éste vino a buscarlo. Con esto provocó que no hubiese más muertes en el mundo, hasta tanto el dios no fuera liberado. También se las ingenió para escapar del reino de Hades, y volver a la tierra, negándose a regresar al inframundo, al que sólo pudo ser devuelto por Hermes. Como castigo, el rey de Éfira fue obligado a empujar una inmensa roca hasta la cima de una montaña, constantemente, sólo para que, una vez en la cúspide, la roca vuelva a rodar hacia abajo... y vuelta a empezar. Así, por toda la eternidad.
Entre la diversidad de interpretaciones que ofrece el universo mítico, muchos autores, toman este relato en particular, como alusión a lo absurdo. La labor de Sísifo es del todo inútil, por lo tanto, su esfuerzo constituye un enorme absurdo.
Me interesa establecer una analogía entre esta historia y la situación socio-política en nuestro país, durante los últimos treinta años, teniendo en cuenta que nos hallamos a 27 años de la asunción de Carlos Menem como presidente de la Argentina, en el año 1989; y quien, seis años más tarde, sería re-electo.
La campaña electoral de Menem estuvo atravesada: a) por una hiperinflación, producto de la multimillonaria deuda que los milicos nos dejaron, entre ellas las de Sevel y la flia. Macri; b) por el golpe que los mercados llevaron a cabo contra el líder radical, en escarmiento, para demostrar cómo debía gobernarse; y c) por la caída del Muro de Berlín, que significó el fin del mundo bipolar, con la URSS y los EEUU disputándose la hegemonía global. No es de extrañar, entonces, que el riojano apelara a un mensaje cuasi-mesiánico: en medio del caos mundial, él (y sólo él), podía salvar a este país, que amenazaba con quedar a la deriva, en un océano de supuesta incertidumbre.
Una de las primeras iniciativas de los Estados Unidos como potencia unívoca, tras la crisis económica de los años '70, fue el mentado Consenso de Washington, un pliego de tan sólo 10 puntos, emanado directamente del FMI y del Banco Mundial, que sentaba las condiciones que los demás países, empleados del gran hermano del Norte, debían adoptar fronteras adentro, a fin de “pertenecer” a la maquinaria capitalista mundial, y no sucumbir ante el enorme problema que significaban las deudas externas. Entre los más relevantes, podemos destacar: una mayor dilatación respecto a la inversión extranjera, disciplina fiscal, privatización de empresas públicas, desregulación del mercado laboral interno y protección de la propiedad privada, con la consecuente desprotección de los seres humanos, entre otros.
La celeridad con la que Carlos Menem abandonó el discurso salvador, de “salariazo” y “revolución productiva”, es digna de mención: adoptar el pliego de Washington se transformó en la prioridad Nº 1. Se aprobaron la Ley de Reforma del Estado y la Ley de Emergencia Económica. Por medio de esta última, se suspendieron las transferencias estatales y, con ello todo tipo de ayuda que el Estado pudiera brindar. No es difícil suponer que, en medio de la recesión generalizada, una política económica que tendiese a brindar solaz al grueso de la población, era contraria al sentido último del mandato norteamericano, reproducido aquí con inigualable fidelidad. La primera, por otra parte, abría el juego a un sistema de privatizaciones que, con el pretexto de desarticular el monopolio estatal de los servicios públicos, hizo posible que, en cada sector, las empresas adjudicatarias ejercieran un monopolio sin parangón: YPF, Aerolíneas Argentinas, Entel, Gas del Estado, Obras Sanitarias de la Nación, Caja de Ahorros y Seguros, Seguridad Social, Aeropuertos, Correo, el Mercado de Haciendas de Liniers, Energía eléctrica, ferrocarriles, plantas siderúrgicas, canales de TV. En palabras del Ministro de Obras y Servicios Públicos, José Roberto Dromi: nada de lo que deba ser del Estado, permanecerá en manos del Estado. “A confesión de partes, relevo de pruebas”, reza el aserto.
De la mano de Menem, llegaron también los indultos a los genocidas, y el intento de ocultar bajo la alfombra los años de plomo y lo que significaron. Además de absolverlos penalmente (la Iglesia los había absuelto cuando volvían de los vuelos de la muerte), por los crímenes de lesa humanidad, no se cuestionaría ya quiénes fueron los socios económicos de la dictadura, sus financistas. Al igual que el Consenso de Washington, la dictadura respondía a un proyecto más amplio, concebido bajo el título de Plan Cóndor. Como Franz Fanon, nosotros podemos aseverar que Oriente y Occidente son otro mito: el mundo se halla dividido entre los de arriba, y los de abajo. No nos extrañe, entonces, que toda la mierda nos venga de arriba. Hay una sentencia, muy cierta y dolorosa, que dice que la historia se repite, primero como tragedia y luego como comedia: el plan, como Sísifo y su roca, volvía a ponerse en marcha.
Menem fue el modelo de político que el capitalismo imploraba: dócil, mediático y genuflexo. En un contexto donde los tecnócratas celebraban la muerte de la historia y las ideologías, el riojano y su asiduidad a los programas de Mirtha Legrand, Susana Giménez y Marcelo Tinelli -la tríada mediática que monopolizaba la cultura de la pizza con champán-, sus paseos en ferraris último modelo, su devoción al botox, su gusto naif por el golf, etc., era el ejemplo vivo de que no hacía falta sembrar el terror desde el aparato represor estatal: bastaba con multiplicar los televisores y privatizar los canales. Lo demás, vendría por añadidura.
La lubricidad de la casta política del menemato, que incluía también a una oposición cooptada por el boom neoliberal, insistía en llamar relaciones carnales con los Estados Unidos, a lo que era, visiblemente, una violación en toda regla. Eufemismos malintencionados, como flexibilización laboral, invocada en nombre de la competitividad, servían para encubrir un mecanismo de atomización de los trabajadores, y engrosar las filas de desempleados que de por sí proliferaban. La mentira de la convertibilidad, el famoso 1 a 1, produjo una situación ilusoria de estabilidad, para una clase media en grave peligro de extinción. Como si la roca no fuera lo suficientemente pesada, en materia educativa, el Banco Mundial mandaba desfinanciar la inversión en educación, en pos de poder soportar mejor el pago de la deuda. Tal como está sucediendo en estos momentos, donde el congelamiento del presupuesto universitario ha suscitado multitudinarias manifestaciones en diversos lugares del país, aunque los mass-media elijan ignorarlas; en aquel entonces, el arancelamiento y subsidio privado para todos los niveles, y el corrimiento de la figura del Estado como garante de la educación, se hallaban en consonancia con la corriente privatizadora y con el desguace del sector público.
En cuanto a la deuda y la actualidad, Domingo Felipe Cavallo, asumió como Ministro de Economía en 1991, aclamado por los sectores neoliberales al ser reconocido como el estatizador de las deudas privadas de los grandes grupos económicos durante la dictadura: sí, por más que moleste, la deuda de la familia Macri incluída. En retribución, en el año 2015, un sobreseído Cavallo se paseó por todos los medios que le dieron lugar, declarando que su candidato era Mauricio Macri. Para Macri, Menem fue un reconstructor del país. Puede verse como todo queda entre socios.
La Justicia se había transformado en una parodia de sí misma, al aumentar de 4 a 9 los miembros de la Corte Suprema de Justicia, consiguiendo una ridícula mayoría que no ponía en tela de jucio, irónicamente, ninguna de las decisiones presidenciales; y garantizar, por otra parte, que ninguna de las causas en su contra prosperara.
En el año '92, se producen los atentados contra la AMIA y contra la embajada de Israel. El saldo es de 116 muertos y alrededor de 550 heridos. La pista de complicidad salpica al presidente y su entorno, como también a altos mandos de las fuerzas de seguridad. Entre estos últimos, quien destaca sobre los demás, es Jorge “Fino” Palacios, a quien Mauricio Macri, en el año 2009, en medio de críticas encendidas, y con una fuerza negadora sin igual, nombrará al frente del esperpento que significará su policía metropolitana, teniendo como referente inmediato a la Unidad de Control de Espacios Públicos (UCEP), organismo creado a fin de golpear y remover gente en situación de calle.
Pese a la combatividad que la CGT demostrara en la década anterior, durante el sultanato de Menem se hará oir recién a partir del año '98, con dos huelgas generales. En contraposición, se crearán la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) y la Corriente Clasista y Combativa (CCC).
La caída de la imagen de Carlos Menem, mimado por los medios de comunicación, se dio recién cuando los escándalos por corrupción tomaron las dimensiones de una vaca dentro de un ascensor, atravesando a toda la clase política, pero también a los sectores empresariales, que especulaban con enriquecerse a costa del escaso control estatal. En 1997, la ALIANZA (UCR – FrePaSo), consigue una significativa victoria en las elecciones legislativas y sentará un precedente para las ejecutivas a celebrarse dos años después. A estas alturas, la bonanza ficticia era un recuerdo. El caos social no podía dejar de reflejarse en los medios. La roca en la cima y despeñándose...
Acusado por asociación ilícita, estuvo recluído 167 días en una quinta en Don Torcuato, en el año 2001. El mismo año en que se desató la tempestad, cuyo viento se sembrara diez años antes. Desde allí participó de algunos sketchs para El show de VideoMatch.
Lejos de retirarse de la vida política, el riojano sigue siendo integrante del PJ, y, aunque parezca una burla, su voz sigue teniendo algún peso. Incómodamente, para algunos de nosotros -sino para la gran mayoría-, como Senador por el Frente para la Victoria, Menem es como un tío que en las reuniones familiares se pone en pedo y nos hace pasar vergüenza. Más, si tenemos en cuenta que a su edad, con juicios encima por tráfico de armas a Croacia y Ecuador durante su mandato, goza de una impunidad apabullante, además de una jugosa jubilación como ex-presidente. Menem no es como Sísifo, sino como su piedra.
En cuanto al absurdo, el eterno retorno al que, parece, estamos condenados, el discípulo predilecto de Carlos Saúl, Mauricio Macri, tomándolo como referencia, envió a los Estados Unidos un documento titulado Argentina: land of opportunities (Argentina: tierra de oportunidades). En busca de inversiones extranjeras, y con espíritu similar al del Consenso de Washington, destaca el clima de prosperidad que dejó el mandato anterior, aunque de cara al pueblo hable de pesada herencia y, para los medios, el país hubiese estado a punto de explotar.
La gran diferencia con el mito, es que nuestra situación no se debe a la fatalidad. Como afirma Galeano, no es un oscuro designio de los astros, ni un castigo de los dioses: nosotros somos los responsables últimos, elegimos la montaña más empinada y la roca a la cual empujar. Las únicas formas de romper esa rueda, parecen ser: empujar todos juntos, o dejarnos aplastar por el peso de la piedra. 
 
 
 
Juan Bautista Martínez (Columnista)
 
 
 
Referencias:
 
- Breve historia contemporánea argentina - Luis Alberto Romero (Fondo de Cultura económica de Argentina, 1994)
-¿Qué pasó en eduación argentina? Desde la conquista hasta el menemismo - Adriana Puiggrós (Kapelusz, 1996)

domingo, 8 de mayo de 2016

ARMISTICIO

 
El tratado de Versalles (1919), no sólo significó el final de la Primera Guerra Mundial, sino la aceptación, por parte de Alemania, de toda la responsabilidad por el conflicto. Como penitencia, el país teutón perdió una parte considerable de su territorio, además de tener que indemnizar a las potencias vencedoras, y restringir el uso de su ejército.
El sentimiento nacional hubo de verse ultrajado por dicha aceptación de cargos y, en este contexto, se produce la caída de la República de Weimar, en el año 1933, y el ascenso de Adolf Hitler y el régimen nazi al poder. Todos sabemos cómo se viene la mano a partir de aquí.
Determinar que el apoyo al nacionalsocialismo se debió pura y exclusivamente al patriotismo herido, sería parcial. El pueblo alemán se sometió de buena gana al régimen, porque creía, tenía fe en la palabra del líder.
El psicólogo social (o sociólogo psicológico), Erich Fromm, se ocupó de desentrañar las profundas raíces de ese autosometimiento, extrapolando las herramientas del psicoanálisis a los procesos históricos.
¿Cómo el ser humano tiraba por la borda siglos de luchas por la libertad?
¿Cómo, después de haber conseguido romper cadenas tan pesadas, los seres humanos volvíamos (y volvemos) a preferir una seguridad ilusoria, en la figura del líder, antes que la libertad de construir colectivamente una sociedad más inclusiva, más igualitaria o más, sencillamente, humana?
Un análisis de “El miedo a la libertad”, la obra de Fromm a la que estamos haciendo referencia, supone un desafío que correspondería a un trabajo académico, para el que no disponemos de tiempo, por eso vamos a limitarnos a resaltar, a grandes rasgos, algunos de los motivos que el pensador señala como más importantes.
El hombre, nos dice este pensador, se había impuesto sobre la naturaleza, se había liberado de la presión de la Iglesia y del Estado. Se pensaba, entonces, que los sistemas autoritarios, como el nacionalsocialismo alemán o el fascismo italiano, no hallaban asidero en el mundo moderno. Eran explicados mediante la locura de algunos pocos. Otra explicación tenía como argumento que, en estos países, el problema se debía a un ejercicio débil de la democracia, por lo tanto era cuestión de tiempo nada más el que se alcanzara la madurez necesaria. Lo cierto es que el fascismo, en cualquier Estado contemporáneo, de los que Alemania e Italia fueron el paroxismo, tiene lugar porque las personas se lo damos. O, mejor dicho, porque nosotros lo deseamos, al sentirnos indefensos con nuestra libertad.
El filósofo argentino José Pablo Feinmann, se plantea la imposibilidad de la existencia de Dios y Auswitchz al mismo tiempo. Los números del horror, hablan de 60 millones de asesinados entre los campos de exterminio, los trabajos forzados, los experimentos médicos, las cámaras de gas, los enfrentamientos armados y las bombas atómicas. Slavoj Zizek, otro filósofo contemporáneo, de origen esloveno, toma el testimonio de una superviviente del Holocausto, y señala que del horror puede aprenderse, pero no necesariamente. El horror es eso, y no debería existir.
En una guerra, la primera víctima es la verdad”, la frase, que nos citó el maestro Xavier Reik, hace algunos años, en un análisis acerca de la situación socio-política de Libia tras la invasión norteamericana y el fusilamiento de Khadaffi; bien podría pertenecer a Sun Tzú o a Maquiavelo. Joseph Goebbels, ministro de propaganda hitleriano, sentó las bases del sistema publicitario actual. Toda publicidad es una falsedad, dirigida al más elemental de los ciudadanos, con el fin de abarcar todo el espectro de potenciales consumidores. Es decir, a todos. Valiéndose de ésta, el nazismo estableció su hegemonía, y los aliados, mediante el mismo recurso, se transfiguraron en los héroes absolutos, y justificaron la suelta de las armas de destrucción masiva más peligrosas del mundo, en Hiroshima y Nagazaki.
Tal vez a esto se deba la sobre-explotación hollywoodense de la figura de Hitler, encumbrándola como si fuera un demonio omnipotente, despojándola de toda humanidad y cercenando de cuajo cualquier posibilidad de análisis histórico de las causas y consecuencias. Vemos, un poco, cómo desde ambas partes se juega con la deshumanización, puesto que para los nazis, judíos, negros, homosexuales, gitanos, etc., constituían una especie de sub-humanidad. Para ellos, el ideal del ario supremo justificaba ciegamente la barbarie: había que purificar la raza, la raza humana. Pero también para nosotros es fácil caer en la ambigüedad de la justificación positivista: es el ser humano, en efecto, el hacedor último del horror, éste no proviene de un mandato divino, por más venia vaticana con que se contara.
Poco se habla de las multinacionales que se vieron más que beneficiadas, como Coca-cola o Hugo Boss; ni de los organismos financieros que aportaron al conflicto, como la todopoderosa familia Rotschild, propietaria de la cadena de bancos más importantes y miembros del club Bilderberg, junto a los demás ideólogos del Nuevo Orden Mundial. Sí, la vida es bella.
Establecer dónde acaba el hecho histórico y empieza la propaganda yanqui se vuelve un desafío, si tenemos en cuenta que la historia la escriben los que ganan. Además de que resulta sumamente fácil ser tildado de antisemita, si uno se atreve a indagar un poco en el relato oficial de los Estados Unidos.
Este postula, entre otras cosas que se derivan luego, que el sistema capitalista funciona como garantía para la libertad. Liberalismo, libre comercio, libre cambio, libre etc. Pero usar -y abusar- de un término para adjetivar un algo, no hace de ese adjetivo algo real, sino que lo impone por mera repetición; Goebbels puro: “miente, miente, que algo quedará”.
Quisiera articular un poco la doctrina goebbeliana con el concepto de libertad de prensa. El Martes 03 de Mayo se celebraba esta otra mentira sistemática, difundida y defendida a capa y espada. Aclaremos, para que no nos repudien infundadamente, que siempre vamos a estar a favor de que cualquiera pueda expresarse, pero ¿puede ser esto posible si el espectro mediático continúa sin democratizar? Respuesta retórica para una pregunta de igual naturaleza.
Honestamente, creo que es muy entristecedor ver y oír cómo los profetas de la propaganda macrista hacen alardes de la libertad de prensa, a la vez que eligen callar el despropósito que se ha hecho con la Ley de Servicios de comunicación audiovisual, la disolución del AFSCA, el cierre de medios y el despido de periodistas más que calificados. La libertad de prensa se cambió deliberadamente por lobby mediático, y la única realidad que parece existir es la que dicen los oligopolios mediáticos que existe: que Macri es un empresario honesto y que la novela con más raiting es la de Lázaro Baez. No hay inundados ni situación de emergencia, ni despedidos -insisto-, ni devaluación.
Una realidad, es que la libertad, lejos de ser una garantía para todos, es un privilegio para los que más tienen. La igualdad de oportunidades, esa meritocracia que postula cínicamente una publicidad de rodados muy actual, es una mentira odiosa que no toma en cuenta la injusticia inherente a un sistema que propicia la explotación del hombre por el hombre, la concentración de riquezas y la miseria estructural. Los países periféricos, que históricamente hemos financiado el desarrollo de las potencias de turno, sabemos que las recetas económicas del capitalismo central sólo alimentan las desigualdades sociales y, por ende, la injusticia.
Los ciclos de la economía central, sí o sí, en algún momento nos dejan, hablando mal y pronto, con el culo al aire, cuando no en una crisis terminal, como nos pasó en 2001, y como le sucedió en estos últimos años a España, Portugal, Islandia y Grecia. A propósito de esta última, vale destacar el avance de grupos neonazis, como el denominado Amanecer dorado, inconcebible en un contexto que no sea el de una crisis del sistema, como no se experimentaba desde los años de la Gran Depresión. Por ende, una cosa no puede existir sin la otra. La desigualdad genera inseguridad: ¿de qué nos sirve esa libertad, por lo demás ficticia, si no vamos a tener ni para comer?
Retomando un poco el tema de los ciclos económicos, la recesión que estamos atravesando en el país, que nuestro gobierno ha decidido paliar deshaciéndose de los argentinos, en primer lugar, también ha conseguido catalizar ese espíritu fascistoide -que, por otra parte, siempre ha estado vigente- en grupos como Los Pampillones en Mar del Plata, identificados con el neo-nazismo, o directamente vinculados al gobierno nacional, como los agresores de los integrantes de Boca es pueblo, el pasado miércoles 05 de Mayo. Pero la libertad de empresa habla de Lázaro Baez.
Celebrando los 71 años de la deposición de armas, por parte de Alemania, cabe cuestionarnos, como Walter Graziano, si no será Hitler quien realmente ganó la guerra.
Nosotros, por nuestro lado, asistimos a otro armisticio, más visceral, más doloroso: el de la entrega tanática de nuestra soberanía mental, a la misma derecha oligarca y bruta que nos paseó en pelotas durante más de la mitad de nuestra corta experiencia democrática. Lo dijo la propia Gobernadora de la Pcia. de Buenos Aires, María Eugenia Vidal: “venimos a cambiar futuro por pasado”. Lo que no sabíamos, era que se refería a uno tan funesto.
 
 
 
Juan Bautista Martínez (Columnista)



Referencias:
- “El miedo a la libertad” - Erich Fromm
- “Hitler ganó la guerra” - Walter Graziano
- “Filosofía y religión - Clase Nº 2” - Jose Pablo Feinmann